Celebrando a Beatriz de Silva

 

Nos hace bien y entendemos mejor nuestra vocación al mirar y celebrar el proyecto de Dios en la persona de nuestra Madre Beatriz de Silva. Su vida es un don gratuito mantenido en la historia que, evidentemente, tiene mucho que hacer y decir en este presente ...

17 de agosto es un día especial para las hermanas concepcionistas franciscanas y un buen momento para preguntarnos: ¿Qué es celebrar a Beatriz de Silva?...

Intuimos que celebra es “acoger” lo recibido… Celebrar es “valorar” lo acogido… Celebrar es “agradecer” cada instante lo que celebramos… Celebrar es también una cita, un encuentro con quien queremos… Fijarla en nuestra retina…, traerla a nuestra memoria…

Y al celebrar a Beatriz de Silva, renovamos cada una de sus actitudes y movimientos; abrazamos la vida, sus gestos y opciones, su específica comprensión del Misterio de Jesús y de María… Ellos dan origen a nuestra vida y misión.

En una fiesta es importante disfrutar… Y lo hacemos viendo cómo Beatriz fue una persona de clarividencias, de ideas claras. Tras un largo proceso vital de búsqueda, se sintió empujada dentro de sí a dedicar por entero su vida y juventud a una determinada vida evangélica contemplativa. Su opción religiosa fue coherente a su modo de entender la vida.

Beatriz fue también una mujer que influyó notablemente en su entorno. Hay distintos momentos de su historia que fundamentan esta afirmación. Y es que en su relación con los demás, en su amistad, y más tarde, ya en el monasterio, en su vivencia de fraternidad, Beatriz era transparente y fiel… Trasvasaba a sus compañeros toda aquella rica vivencia del Evangelio que animaba su mundo espiritual…

Hoy brilla con especial fulgor la fecundidad espiritual de Beatriz de Silva, fundadora de la Orden de la Inmaculada Concepción, es decir, mujer creyente que recibe abierta una misión y entrega a sus hermanas esta misma misión de vida. La maternidad de Beatriz es una intensa experiencia interior, que podemos saborear mientras oramos ante algunos de sus retratos más antiguos.

Quizá el aspecto festivo más rico y preferido de este día, para las hijas de Santa Beatriz de Silva, sea una celebración de la Liturgia bella por el ritmo, el ambiente simbólico, el canto, la música y participación, momento fuerte de alabanza y de acción de gracias, en cuanto reproducción del pensamiento de Beatriz, de su vida, de su centro espiritual… La celebración litúrgica y carismática que vivamos hoy podrá realmente expresar todo nuestro agradecimiento…

Es claro que celebrar a Beatriz es más que una merecida alabanza a su memoria histórica… Las hijas de Santa Beatriz de Silva, pertenecientes ya a las más variadas geografías, nos sentimos hoy llamadas y comprometidas a recoger la valiosa herencia de vivir con el amor que vivió Beatriz…

Es indispensable conocer aquello que poseemos, para vivir con mayor plenitud y hondura la llamada. Debemos buscar continuamente el sentido de nuestra vocación, actualizar el don recibido en cada generación de hermanas concepcionistas, contextualizarlo en nuestra propia religión… Sea este acaso uno de los desafíos con el que nuestra vida se confronta, sobre todo hoy, cuando estamos asistiendo a una cambio total de puntos de referencia social, cultural, religioso…

Entre los subrayados que vamos haciendo, quisiéramos decir también que celebrar a Beatriz de Silva nos pone en relación con las hermanas con las que compartimos el don recibido. La llamada que transformó el corazón de Beatriz  de Silva, está en el origen de nuestra vocación personal, y lo está igualmente en el origen de nuestra fraternidad. Y nuestra vocación de ser hermanas encuentra aquí su fundamento

Nos toca a nosotras, hermanas concepcionistas, dar rostro al carisma de la Orden en el hoy de la historia y en fidelidad creativa, abriendo unidas nuestros caminos o inventando nuevas formas que nos ayuden a todas… Debemos saber mirar hacia atrás, pero también mirar hacia adelante… Volver siempre a las raíces de nuestra historia, y después mirar adelante, tener ojos de futuro.

¡¡¡FELICIDADES!!!  A todas, hermanas, deseándonos unas a otras el gusto de celebrar y cantar la admirable belleza de la obra de Dios en nuestra Madre Fundadora Sta. Beatriz de Silva.